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Se inauguró en Monte Chingolo el ateneo radical Dr. Yoliván Biglieri

Por iniciativa del dirigente radical de Monte Chingolo, Mario Benítez, se inauguró el viernes pasado el Ateneo Yoliván Biglieri.

En su cuenta de Facebook, su hijo Alberto, “Nacho”, agradeció a las siguientes personas y medios por su presencia: A Marcelo Rivas, Lucas Folino, Nestor Fuentes, Raul González, Daniel Marciano, Marcelo Faccone, Jorge Astone, Hugo y Valeria Larraz, Pedro Lucchetta, Luisito Carlos,Adolfo y Pochi Vedani, Gabriel De Pascale, Gustavo Hornos, Gerardo Gómez Coronado, Claudio Santagati, a los colegas de APRELBA, a Jorge García, Hector Leis, Horacio Garcia, La Familia Rodriguez de Villa Industriales, Ruben La Spina, Mary Leston, Nicolas Teodosiu; y a mis hermanos, mi mujer, mis hijos y mi tía EDY (88 años, 70 de afiliada) a Horacio Rojas y Leonel Benítez por la presentación de la inauguración. Gracias por las adhesiones y mensajes de Maxi Abad, Carlos Folino, Jose Volpe, José Luis Bianchi, Jose Luis Pallares, Emiliano Bursese, Sílvia Bianco, Alberto Cusano, Marcelo Bee Sellares, Fernanda Vázquez, Diego Molea, APRELBA, Eduardo Bechara y a Pancho Del Castillo, y disculpas a los que me olvido por la emoción que viví. También gracias a La Gaceta de Lanús, FM Espacio, @CronicaTV por la cobertura (Hugo Ferrer y Raül Olmos).

La Gaceta de Lanús impresa, en su Nº 1, le dedicó una página entera al querido Yoliván (http://www.lagacetadelanus.com.ar/la-gaceta-lanus-impresa/)

“Vaya nuestro recuerdo y afecto al querido Yoliván, para quien el honor se lavaba con sangre.

No era un buen día para morir. Hacía mucho frio y estaba nublado. A las 5.58, 28 minutos después del amanecer del domingo 3 de noviembre de 1968, Yoliván Biglieri y Benigno Varela, llegaron a la quinta de Enrique Ballarati, ubicada en Caaguazú Lanús este. Los dos llegaron con sus padrinos.

El ex diputado Vicente Mastolorenzo y el doctor Jorge Nage, representando a Biglieri, y los almirantes Barneris y Garzani, por parte de Varela. Se pusieron de acuerdo en que sería un duelo a muerte y que se utilizarían espadas en el enfrentamiento.

Minutos después se bajó de un Valiant negro, Escipión Ferretto, instructor de esgrima del Colegio Militar. Llevaba los sables que se usarían. De hecho, él sería el juez del lance.

Los últimos duelistas de la Argentina, serían el almirante Ignacio Benigno Varela* y el abogado, político, legislador, y periodista Yoliván Biglieri**.

¿Qué había pasado para llegar a tal extremo? Algo más de dos años antes, una Junta Revolucionaria integrada por Varela, el general Pascual Pistarini y el brigadier Arnaldo Álvarez derrocó al presidente constitucional Arturo Illia. Días después asumiría el general Juan Carlos Onganía. Biglieri, que dirigía el diario Autonomía, trató a Varela de traidor pues había declarado su lealtad a Illia poco antes de derrocarlo.

Varela, ofendido, consideró que la única manera de lavar su honor era enfrentarse a Biglieri y éste aceptó. El ofendido es el que tiene derecho a elegir las armas, según el Código de Honor. Pero siendo uno de los duelistas un civil, es éste el que tiene el privilegio. Pero el periodista, lo cedió porque quería designar el lugar: quería precaverse de que no lo llevaran a un buque.

El arma elegida fue el sable de esgrima con empuñadura, con filo en la hoja y sin punta. La estocada estaba prohibida.

A las 6.10 había luz suficiente. El juez señaló a Varela y Biglieri que el duelo no sería “a primera sangre” sino hasta que las heridas recibidas impidieran continuar a uno o a los dos. Entregó los sables y les ordenó quedarse con los torsos desnudos.

Se harían dos minutos de combate por tres de descanso. A las 6.12 el juez dio la clásica orden: “¡A Ustedes!”. Alrededor de 20 personas miraron la escena; contando a los padrinos, invitados y periodistas escondidos en la quinta.

En el primer ataque, Biglieri le hizo un corte en la oreja derecha a Varela y, en otra carga, lo cortó en el brazo derecho. Pero Varela alcanzó al periodista en la mano. Ahí volaron los lentes de Biglieri. En el segundo asalto el almirante hirió a su rival en un pómulo. Ya los dos se mostraban cansados. Hubo otro corte que recibió Biglieri en el torso, pero el marino se llevó una herida en el costado.

Al reanudarse el combate, Biglieri lastimó en el pecho y hasta hizo caer el arma de la mano de Varela. Entonces, los dos fueron revisados por los médicos. A los 28 minutos de combate fue el médico quien detuvo el duelo debido a la inferioridad física del marino, quien presentaba profundos cortes en su espalda, orejas y distintas partes del cuerpo. Biglieri, en tanto, presentaba dos puntazos, uno en su mano derecha y otro en su pómulo. Allí se decidió que el duelo terminara. No hubo reconciliación. Se retiraron sin saludarse, aunque reconociendo ambos la valentía del contrincante.

A pesar de que los contendientes habían pactado mantener en secreto el lugar del desafío, igual trascendió. Basta decir que el combate se debió suspender unos minutos porque la policía había rodeado el lugar para impedir el lance y para desalojar a los periodistas que había, escondidos, dentro de la quinta.

Un juez de La Plata pidió a la Policía que hiciera las averiguaciones. ¿Por qué? Porque según el capítulo VI del Código Penal Argentino, el duelo es un delito. Pero en este caso no hubo sanciones para nadie.

Cuando los amigos lo cargaban y le decían a Biglieri, que el militar le había sacado los anteojos, él rápidamente decía “pero yo le baje una oreja”.

Este cronista pudo conocer en boca de Yoliván que al terminar el duelo, él consideró a Varela como valiente, porque cuando le hice caer su espada y se clavó en el piso, el hijo del Varela de la “Patagonia Rebelde”, se quedó para morir. Le podría haber cortado la carótida y no lo hice. Le dije que levantara el sable y siguiera peleando”.

“Estábamos los dos cortados, pero Varela impresionaba más por el desinfectante con algodón de color rojo que le ponían”.

Además de los médicos y los padrinos, Ballarati, recién al ver la sangre dimensionó lo que estaba sucediendo en su quinta y clamaba para que se suspendiera el lance”.

Acaso a esta altura de los tiempos y del desarrollo social y cultural sea necesario pensar en eliminar el delito y atenerse sólo a los resultados que se causen.

Las penas actuales son de uno a seis meses si no hay lesiones o si son leves; y hasta cuatro años si hay lesiones graves o la muerte, siempre y cuando los rivales se hayan batido con intervención de padrinos que elijan las armas y arreglen las condiciones del desafío. El combate debe estar motivado siempre por cuestiones de honor.

Al enfrentamiento realizado según estas circunstancias se lo llama “duelo regular”. Los padrinos, el juez, los médicos ni los testigos no son personas punibles. La razón es sencilla: si son los que ponen las condiciones para que los daños sean atenuados, sería contradictorio castigar a un partícipe cuya presencia la propia ley considera necesaria para aminorar la pena.

El duelo fue condenado por el Concilio de Trento de 1562 y desde entonces pasó a ser una forma privada de dirimir contiendas. Y así continúa.

*Benigno Ignacio Marcelino Varela:(nacido el 21 de junio de 1917 en Banfield, Provincia de Buenos Aires – fallecido el 29 de febrero de 1996 en la Ciudad de Buenos Aires) fue un militar perteneciente a la Armada de la República Argentina, que tuvo activa participación en los sucesos cívico-militares que se desarrollaron en Argentina, durante la década de 1960. Alcanzó la jerarquía de Almirante y formó parte de la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas que depuso al gobierno del presidente Arturo Umberto Illia el 28 de junio de 1966, dando inicio al régimen militar autodenominado Revolución Argentina.

**Yolivan Biglieri: fue un reconocido vecino de Lanús, de larga e intensa trayectoria en su profesión de abogado y escribano, destacada actuación como docente, escribano, director del periódico Autonomía. Fue en ese medio donde Varela fue catalogado como “traidor a la Patria”, ya que, había declarado su lealtad al presidente Arturo Illia poco antes de derrocarlo por la fuerza de su almirantazgo, que la Constitución Nacional le había confiado y sublevándose contra su comandante en jefe, que era el Presidente de la República”.

 

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